Iztapalapa, Ciudad de México, 10 de diciembre de 2025
La UNESCO ha declarado oficialmente la Representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en Iztapalapa como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconociendo así una tradición comunitaria que por más de 182 años ha tejido fe, identidad, historia y organización social.
La alcaldesa Aleida Alavez Ruiz celebró este hecho histórico al pronunciar un mensaje emotivo en nombre del pueblo de México y de Iztapalapa ante el Comité Intergubernamental en Nueva Delhi, India. Subrayó que una tradición nacida en las calles de los ocho barrios originarios hoy “late más allá de sus fronteras, cruza mares y continentes”, convirtiéndose en un legado compartido que trasciende generaciones.
Durante su intervención, destacó que esta representación es un acto colectivo construido con devoción y el esfuerzo silencioso de miles de manos que, año con año, renuevan su compromiso con esta expresión religiosa y cultural. “Cuando una tradición se comparte con dignidad, se fortalece y encuentra nuevos espacios para vivir”, señaló la alcaldesa.
Junto a la delegación mexicana acudieron integrantes del COSSIAC, organismo responsable de la organización de la Semana Santa en Iztapalapa, conformado únicamente por mujeres y hombres nativos de los ocho barrios. Con su liderazgo se coordina la participación de más de 500 actores, además de equipos de limpieza, logística y voluntariado, reflejo del enorme tejido comunitario detrás de esta celebración.
La ceremonia internacional recordó que desde 1843, los barrios originarios de Iztapalapa han mantenido viva esta tradición como un voto comunitario hecho al Señor de la Cuevita para agradecer el fin de la epidemia de cólera que afectaba a la capital.
Uno de los pasos clave para alcanzar este reconocimiento mundial fue haber sido declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de México por el INAH en 2023, lo que permitió avanzar hacia la postulación global.
El Comité de la UNESCO evaluó 67 candidaturas de 79 países, entre ellas la representación de Iztapalapa, destacándola por su autenticidad, su arraigo comunitario y su capacidad de unir a miles de personas en torno a una tradición viva que hoy pertenece al mundo.
La declaratoria reconoce no solo 182 años de representación, sino también la fuerza cultural, social y espiritual de una comunidad que ha convertido su fe en herencia universal.

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